Una Villa Excepcional en el Marbella Club Golf Resort

Compartir Diana Morales | Ene 8 2007

Esta casa marbellí, inspirada en las antiguas fincas andaluzas, se abre a través de porches, patios y terrazas hacia las colinas y olivares que la rodean, hasta avistar el mar.

Una villa excepcional en el Marbella Club Golf Resort

La luz pura de Marbella, el clima benigno que la acompaña todo el año y la serranía inigualable que bordea la región, como un telón que preserva su belleza natural, hacen que este rincón de España sea destino deseado de muchas familias que habitan normalmente en climas más inhóspitos de Europa. Tal es la costumbre del matrimonio alemán que construyó esta casa, entre dehesas rodeadas de viejos olivares autóctonos. Grandes amantes del golf, suelen venir aquí a disfrutar del aire libre, sobre todo en primavera y en otoño.

Desde la casa, erguida sobre una colina, se avista el Mediterráneo hasta Gibraltar, además del campo de golf que, escalonado entre las laderas, se confunde con las lozanas praderas a las que se arrima.

Diseñada por un arquitecto andaluz afincado en Marbella, César de Leyva, en ella se resumen las mejores tradiciones de esta tierra: desde el porche porticado hasta el patio interior con galería cubierta y bañado de jazmines hasta los techos de teja antigua, las viejas puertas de madera talladas por artesanos de la región, los azulejos moriscos y el suelo de barro modelado a mano… Toda esta materia viva conforma una atmósfera interior tan serena como plena de encanto.

El mobiliario es una depurada selección de piezas adquiridas por los pueblos blancos de los alrededores, más algunos toques coloniales (como la gran mesa de centro del salón y la mesita auxiliar junto al sofá) y algún ingrediente rústico (como la mesita de oficio junto a la chimenea).

Villa en Marbella Club Golf Resort

La naturalidad de las telas y la paleta de los tonos piedra marca el pulso delicado y armónico en la fluidez de los ambientes. El perfume del espléndido jazmín del porche se percibe en todo el salón comedor, un espacio de puertas abiertas a la generosa naturaleza del jardín. La sensación de abrigo que transmiten las alfombras de fibras sobre el suelo de barro cocido, o las generosas embocaduras de las chimeneas, se equilibra con la frescura de las grandes aberturas acristaladas y la perpetua invitación del porche.

Un poco más adelante, por la cocina, se accede a otra ala cubierta de la zona exterior, donde la barbacoa nos espera al fresco bajo una vigorosa parra virgen.

Este rincón idílico invitaría a cruzar la cocina sin reparar en nada más si no fuera por el encaje cromático de los azulejos decorados, que engalanan sus paredes como si fuera una más de las hermosas fuentes de la Alhambra. Imposible no detenerse en esta cocina y admirar ese revestimiento, aprovechando la pausa para, de paso, reparar en esos firmes y a la vez ligeros faroles de hierro del techo, que habrán alumbrado infinidad de caminos antes de llegar aquí y convertirse en puntos de luz tan merecedores de atención como las más actuales lámparas de pie o de sobremesa que vimos en el salón.

Marbella

Todos estos espacios interiores, con su apetencia de abrirse al paisaje, que la lleva a proyectarse en amplias panorámicas hacia la noble presencia de los olivos, de las altas jaras y los fragantes limoneros, parecen indicarnos unos interiores plenos de luminosidad. Pero también existen entre estas paredes creaciones que se aproximan a la perfección natural, como el patio interior, la llave mágica de esta casa, la que abre todas las puertas, lo mismo en la planta baja que en la superior, donde están los dormitorios. Situado en el centro de su arquitectura, este auténtico vivero de jazmines ofrece a la mirada un recorrido franco por todas las estancias de la casa, y se convierte al mismo tiempo en el mejor lugar para compartir la hora del té o la del aperitivo con la familia y los amigos.

Una pared entera de armarios empotrados en el pasillo conduce al baño, ambientado por azulejos verdes artesanales hasta media altura, rematados por una cenefa que imita una antigua moldura. Unos pasos más allá se encuentra la antesala que hace de zona de estar de la suite principal, donde una mesa colonial y dos sillones orejeros invitan a un rato muy agradable de relajación.

El dormitorio principal, por su parte, ofrece unas vistas maravillosas sobre la sierra y el mar, y su interior tampoco carece de encantos: los altos techos de blancas vigas de madera, el sugestivo dosel de la cama o el cálido aliento de la chimenea sobre la chaise longue.

Esta maravillosa casa se vende. Si desea recibir mas información o concertar una cita para visitarla, envíenos un correo electrónico a info@dmproperties.com o llámenos al +34 952 76 51 38.


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