Montañas nevadas en Marbella

Compartir Diana Morales | Ene 18 2012

Un cadena montañosa denominada Sierra de las Nieves no se suele asociar con un lugar como Marbella, pero más allá de las palmeras a orillas del Mediterráneo, existe una salvaje reserva natural que viste un blanco sombrero nevado durante el invierno.

Con más de 200 kilómetros cuadrados de superficie, el Parque Natural de la Sierra de las Nieves se extiende desde el norte de Marbella hasta Ronda, y constituye una de las zonas más vírgenes de las montañas del interior, conocidas como la Serranía de Ronda. En esencia, se trata de una escarpado y montañoso paisaje serrado por valles profundos y frondosos. Probablemente sea debido a que la accesibilidad de esta área en particular la ha resguardado de la actividad del hombre, ya sea del desarrollo urbanístico o incluso de las explotaciones agrícolas. De hecho, a excepción de algunas chozas aisladas de los pastores, es un paraíso deshabitado, donde la naturaleza y la vida silvestre pudieron prosperar. Y así lo siguen haciendo en la actualidad.

Tierra de bandoleros
Era muy duro ganarse la vida en este territorio, pero el firme terreno y la escasez de miradas indiscretas, convirtió a la Sierra de las Nieves en un escondite perfecto para los bandoleros que recorrieron gran parte de Andalucía en el siglo XIX. Sabían que la Guardia Civil no podría adentrarse con facilidad en esta región, así que se convirtió en uno de sus escondites preferidos, en una base desde la que planear asaltos y atormentar a las autoridades, algo en lo que se deleitaban. Incluso para los hombres de montaña era demasiado peligroso establecer pueblos y casas de campo en la zona, así que buscaron cuevas de gran tamaño que les diera refugio y que fueran invisibles para los forasteros.

En este sentido, la Sierra de las Nieves parece hecha a la medida de aquellos bandidos, ya que está salpicada de una gran cantidad de cuevas y simas, entre las que se encuentran las más profundas de Europa. Incluso si las fuerzas del rey hubieran podido abrirse camino por sorpresa por el paisaje escarpado, todavía les hubiera sido difícil encontrar a los bandoleros. A esto hay que sumarle la abundancia de caza y de pequeñas parcelas de densa vegetación en las que podían ocultarse fácilmente – un auténtico paraíso para un pueblo recio cuyo principal deseo era el de permanecer fuera del alcance del resto de la civilización.

Reserva Natural
Sierra de las nievesSon éstas las condiciones que han hecho de la Sierra de las Nieves una morada segura para los reducidos grupos de personas desde la Edad de Piedra. En las cuevas se han encontrado objetos de aquella época, lo que indica que el hombre primitivo, como el bandolero, se sintió atraído por el refugio agreste y por la abundante caza. Aún así, sigue siendo una de las áreas más vírgenes del continente europeo. La tendencia a nevar en la Serranía, tan cerca de la templada costa mediterránea, se explica por las altitudes que alcanzan sus cimas. La Torrecilla es el pico más alto del parque natural con sus 1909 metros de altura. No solo el aire es más ligero y frío a esta altura, sino que la montaña hace las funciones de una barrera que refugia a Marbella y a la costa de los vientos fríos que soplan desde las llanuras del interior de España.

Estos factores nos llevan, en invierno, a encontrar unos espectaculares paisajes nevados que nadie diría que existieran tan cerca de las piscinas y de las palmeras de la Costa del Sol. En verano, la cadena montañosa también mantiene el aire seco y caliente fuera de la región. Esto, en combinación con la falta de intervención humana, es perfecto para la fauna y la flora de la zona. Árboles autóctonos como el pino, el abeto, el fresno, el castaño, el acebuche, el alcornoque y el enebro, dominan un paisaje que es el hogar de cabras montesas, muflones, ciervos, meloncillos, tejones y de una rica variedad de aves como águilas, buitres y búhos reales.

Declarada Reserva de Caza Nacional en 1970 y Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 1995, la Sierra de las Nieves es un entorno natural prístino como pocos en Europa, que cuenta con una fauna y una flora autóctonas florecientes y con la posibilidad, para aquellos que quieran disfrutar de la generosidad de la naturaleza, de realizar actividades de bajo perfil como paseos a caballo, montañismo o espeleología.


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